Ocho Episodios

Eight Episodes de Robert Reed

Sin a penas ruido y casi ninguna audiencia, Invasión de un Pequeño Mundo se estrenó en el verano del 2016, y tras una corta y decepcionante vida, la serie fue cancelada de forma bastante merecida.

Un problema evidente era el bajo nivel de su producción: La animación por ordenador había alcanzado una cima desde la cual la realidad parecía fácil de alcanzar, el espectáculo visual era la norma de la industria, los que con anterioridad habían sido considerados trucos imposibles como conseguir agua fluida o rostros humanos creíbles eran ahora ilusiones comunes que se acercaban con precisión a sus modelos reales. Aun así, los estándares de la serie apenas lograban ser aceptables, incluso para un canal por cable desconocido con capital limitado y demasiadas horas de programación para rellenar. Los paisajes e interiores se habrían considerado lo último en efectos especiales a principios de siglo, pero no para cuando fue estrenada. Los personajes sufrían de caras inexpresivas y rigidez de movimientos, mientras que sus voces eran igualmente poco convincentes, lo que daba la impresión de que habían empleado actores amateurs o un software de síntesis de voz barato. Con muy pocas excepciones, el guión era chapucero, desordenado, con diálogos forzados y pausas bruscas, algunos momentos clave eran cortados a menudo en mitad de una frase. Muchos críticos defienden que los autores se esforzaron por buscar una sensación lo más cercana posible a la vida real. Pero eso solo es pura interpretación subjetiva. No se envió ningún tipo de información a los medios ni se concedieron entrevistas con nadie directamente involucrado en la producción, dejando a los observadores de la industria completamente ignorantes de su existencia – otro de los problemas que ayudaron al fracaso de Invasión.

Un problema del que no se pudo hablar abiertamente al principio era la identidad racial de los protagonistas. El éxito en el lucrativo mercado norteamericano dependía del uso de personajes de extracción europea. Aun así, el personaje principal era un astrónomo indio que trabajaba en una universidad ficticia situada en, de entre todos los lugares posibles, Sudáfrica. Con un nombre impronunciable y un acento cerrado, el Dr. Smith – como le apodaron sus pocos fans – era una creación rechoncha, quisquillosa, con debilidad por las camisas llamativas y los eructos profundos. Su mujer era una aparición hogareña que no entendía nada del revolucionario trabajo que llevaba a cabo su marido, mientras que sus hijos, en directo contraste con cualquier otro joven que habite el entretenimiento popular, eran criaturas insulsas incapaces de ofrecer nada que fuese minimamente inteligente o relevante.

La escasez de drama era otra obvia debilidad. El primer episodio presentaba un día rutinario en la vida del Dr. Smith. Dieciocho horas de comportamiento nada excepcional fueron comprimidas en cincuenta y tres minutos de comportamiento nada excepcional. Juzgando por las apariencias, el canal por cable decidió introducir descansos publicitarios en momentos completamente aleatorios. El acontecimiento crucial de la serie a penas fue percibido por aquellos primeros espectadores: Una de las estudiantes de grado del Dr. Smith estaba estudiando muestras de roca del periodo Pérmico, buscando isótopos clave depositados por los restos de una antigua supernova. La estudiante preguntaba al doctor sobre una herramienta de laboratorio especialmente problemática. Como de costumbre el diálogo era denso y sin gracia. A los científicos reales – algunos de los fans más acérrimos de la serie – les gusta señalar que los instrumentos y principios eran auténticos, aunque la nomenclatura era ridiculamente falsa. Catorce segundos de emisión fueron suficientes para presentar a la joven estudiante, llamada Mary – una mujer mestiza que no podría haber sido descrita como atractiva siguiendo ningún criterio real. Le pedía ayuda al Dr. Smith con el problemático instrumento, y este le respondía agitando la rechoncha mano y murmurando, “más tarde.” Tras unos cuantos anuncios sobre pequeños coches y potentes medicinas para el asma, el astrónomo ordenaba a su estudiante a que fuese a su oficina y que cerrase la puerta con llave tras ella. Lo que pasaba después se dejaba como algo implícito. El siguiente plano mostraba al Dr. Smith tumbado sobre su escritorio con el cinturón desabrochado, permitiendo al espectador un rápido vistazo a los escasos pechos de Mary desapareciendo bajo su sostén y una holgada camisa. Algunos han interpretado su expresión como de dolor, emocional o de otra clase. Otros sugieren que su rostro estaba tan mal reproducido que es imposible reconocer ningún tipo de expresión, ahora o por aquel entonces. Y cuando los buenos escritores habrían usado el diálogo para expresar la importancia del momento, aquellos pésimos escritores decidieron ignorar completamente el aspecto personal de la trama. Con una voz casual, Mary mencionaba a su tutor/amante que había encontrado algo extraño en la roca pérmica.

“Extraño,” repetía él.

Con su pulgar e indice ella describía un espacio muy pequeño. “Metal, una bola.”

“¿Una bola?”

“Dentro de la roca.”

Smith se arrascaba su ancho vientre durante un rato sin decir nada (juzgando por los indices de audiencia, la mitad de los espectadores decidieron rendirse en aquel momento). Después le decía en voz baja, “no lo entiendo”.

“Esta cosa…”

“¿Qué es?”

“No lo sé,” decía ella.

“¿En qué roca?”

“En la mía. La lutotita.”

“¿Quieres decir que es artificial?

“Eso parece,” respondía.

“Huh,” decía él.

Mary terminaba de abotonarse la camisa y se limpiaba la comisura de la boca con la palma de la mano.

“¿Dónde?” preguntaba Smith.

Ella le daba el código de identificación de la roca.

“No, la bola de metal,” le interrumpía. “¿Dónde está ahora?”

“En un cajón de mi escritorio. En un sobre blanco.”

“¿Cómo es de grande?”

“Como dos granos de arroz.”

Entonces, una vez más, el personaje principal decía, “huh.” Y finalmente, sin ninguna señal de interés asomando por su rostro, se abrochaba el cinturón.


Los siguientes tres episodios no cubrieron días, si no meses. De nuevo, ningún detalle del contenido científico era explicado, y nada parecido a una trama asomaba de entre la rutina y el tedio. La cada vez más menguante audiencia pudo contemplar como el Dr. Smith y sus estudiantes trabajaban con un objeto tan pequeño que apenas se percibía en la pantalla – otro significativo problema de la serie. ¿Un artilugio de tamaño humano no habría causado un impacto mayor? La carcasa de la esfera de metal era una extraña aleación de níquel y aluminio. La radiación cósmica y una gran cantidad de pequeños impactos dejaron las marcas distintivas que uno habría esperado encontrar en un objeto que hubiese realizado un largo viaje a la deriva a través del espacio. Utilizando láseres diminutos, los investigadores cortaban cuidadosamente la carcasa exterior relevando un interior de diamante. Entonces el diamante absorbía una pequeña porción de la energía del láser, y una vez cargado, generaba su propio espectáculo de luces. Afortunadamente, habían insertado una cámara nanoscópica en el agujero, y los tres científicos fueron capaces de registrar aquello de lo que habían sido testigos – una ráfaga de complejas imágenes acompañadas por una variedad cada vez más sofisticada de símbolos.

“¿Qué es eso?” Se preguntaban unos a otros.

“Quizá sea un lenguaje,” sugería Mary. Acertadamente, como se demostraría más tarde. “Alguien nos esta enseñando… intentando enseñar… un nuevo lenguaje.”

Dr. Smith le daba un abrazo sin importarle que se encontrasen en público.

Entonces el otro estudiante – un brasileño llamado Carlos – señalaba que fuera lo que fuera el artefacto, Mary lo había encontrado en una roca de al menos un cuarto de billón de años de antigüedad. “Y eso sin contar los años que esta cosa haya pasado en el espacio, que podrían ser unos cuantos millones más.”

Tras la cancelación de la serie, al menos un directivo admitió haber sido engañado. “Se nos prometió una gran y ruidosa invasión,” le contó a un reportero de la Rolling Stone. “Hablé con el productor de la serie, me dijo que la invasión se produciría tras el cuarto episodio. Sabíamos que la construcción de la tensión dramática iba a ser lenta. Pero al final los alienígenas de la edad de los dinosaurios iban a cobrar vida y destruir unas cuantas ciudades.”

“Pero…” dijo el entrevistador.

“¿Qué?”

“Los dinosaurios son posteriores al periodo Pérmico.”

Encogiéndose de hombros, el ex ejecutivo ignoró tan leve crítica. “De todos modos, lo que importa es que unos cuantos aliens hijos de perra iban a saltar de la roca. Iban a crecer y nos iban a patear nuestros humanos traseros. Al menos eso es lo que nos prometió la productora -EXL Limited– un espectáculo. Y ya que no tuvimos que pagar demasiado por esos episodios, acabamos comprando ocho episodios tras ver tan solo unos minutos…”

Invasión fue cancelada tras el quinto episodio.

El último episodio emitido fue una sinopsis sin gracia alguna de los siguientes veinte meses de trabajo científico. El Dr. Smith y sus estudiantes eran ahora tan solo una parte diminuta de un esfuerzo global. Expertos de seis continentes realizaban pequeños y críticos descubrimientos. La mayor parte de la trama consistía en investigadores sin identidad intercambiando e-mails sobre los pequeños textos e imágenes de la pequeña nave espacial. Se empezaron a realizar traducciones; cada fragmento de evidencia parecía apoyar las obvias, pero increíbles conclusiones. El evento cumbre era una conferencia de prensa de cinco minutos. Empapado en sudor, temblando por los nervios, el astrónomo explicó a los periodistas que habían encontrado una auténtica nave espacial en la Tierra. Tras un breve agradecimiento a sus colegas, explicó cómo, en un pasado remoto, quizá incluso antes de que existiera vida multicelular en nuestro planeta, una especie alienígena construyó trillones de diminutas naves como aquella. Las naves fueron lanzadas al espacio, vagando a la deriva a través de millones de sistemas planetarios esparcidos por toda la galaxia. La nave que él personalmente había recuperado ya era antigua cuando se estrelló en el lecho de un río cerca de la costa de Gondwana. El tiempo apenas había afectado a los textos que llevaba a bordo –una historia de los alienígenas y una explicación sobre la naturaleza de la vida en el cosmos. Según las pruebas, advirtió, los seres humanos eran personajes recién llegados a un viejo drama. Y como cualquier otra especie inteligente en el universo, siempre serían pequeños en número y alcance.

La última escena del quinto episodio tenía lugar en casa del doctor Smith. Su hijo mayor estaba sentado delante de una enorme televisión de plasma, destruyendo naves alienigenas con unos cañones especialmente ruidosos. En la que resultó la única conversación entre estos dos personajes, Smith se sentaba junto a su hijo y le preguntaba “¿La has visto?”

“¿El qué?”

“La rueda de prensa.”

“Sí. La he visto.”

“¿Y?” Preguntaba. Y al no recibir respuesta alguna insistía. “¿Qué piensas?”

“¿Sobre qué?”

“La lección.”

“¿El qué? ¿Que la gente no importa?” El hijo paraba la partida y bajaba el mando. “Creo que eso es una chorrada.”

Su padre no decía nada.

“El universo no es pobre ni está vacío.” El hijo tenía alrededor de catorce años, y su ira era la única emoción reconocible en toda la serie. “Hay mundos por todas partes, y muchos tienen que tener algo de vida.”

“Muchos la tienen, si,” respondía. “Pero cientos de billones más son demasiado tórridos, o demasiado fríos. Tienen escasez de metales o están casados con soles peligrosos.”

Su hijo se quedaba mirando la pantalla, sin decir nada.

“Los textos alienigenas no hacen más que respaldar nuestras más recientes teorías. La tierra es una recién llegada. Los nacimientos de nuevas estrellas están descendiendo en número, en la Vía Lactea y en todas partes, y la creación de mundos terrestres llegó a su cenit dos o tres billones de años antes de la creación de nuestro hogar.”

“Estos textos tuyos… ¿Dicen que la vida inteligente se queda en casa?”

“La mayoría de las veces, sí.”

“¿Los alienígenas no mandan naves espaciales por ahí?”

“Es demasiado caro,” defendía Smith.

El hijo apretaba los labios. “Los humanos son diferentes,” seguía diciendo.

“No.”

“Vamos a construir un motor estelar viable. Y vamos a visitar nuestras estrellas vecinas y a colonizar los mundos que encontremos.”

“No podemos.”

“¿Porque lo dicen ellos?”

“Porque es imposible.” Decía su padre con autoridad sacudiendo la cabeza. “Los textos son explícitos. Mover grandes masas requiere de energías prohibitivas. Y la terraformación es un truco demasiado difícil, a menudo imposible de realizar. Es por eso que cada mundo que hemos encontrado parece tan estéril como el día en que se formó.”

Pero el hijo no podía aceptarlo. “¿Pero tú te das cuenta, no? ¿Que esos alienígenas nos están mintiendo? Tienen miedo de los seres humanos, porque somos los seres más duros y crueles que habitan el universo. Y vamos a acabar con todos ellos.”

Por un largo rato, el doctor Smith mantenía el silencio.

Entonces su hijo volvía al juego, y entre el caos de los lasers, su padre susurraba una sola palabra despectiva: “Niños.”


Dieciocho meses después, la empresa matriz del canal por cable declaró la bancarrota, y un pequeño consorcio adquirió sus recursos, incluyendo Invasión de un pequeño mundo. Ansiosos por recuperar su inversión, los nuevos propietarios ofrecieron los ocho episodios en un pequeño pack de DVDs. Cuando las ventas resultaron ser, por algún motivo, mejor de lo esperadas, se lanzó una nueva edición de lujo. Las fuertes ventas iniciales provenían de un pequeño grupo de fans acérrimos – jóvenes y bien educados, sin preferencias en raza o género. Pero científicos especializados en diversos campos, astronomía y paleontología incluidos, fueron los que empezaron a crear verdadero ruido alrededor de la serie, lo que eventualmente atrajo la atención del ojo público sobre Invasión.

El celebérrimo sexto episodio ayudó a disparar el interés: la débil y desenfocada trama del Dr. Smith, su familia y sus estudiantes, fue dejada de lado temporalmente. En su lugar, los cincuenta y tres minutos estaban dedicados a contemplar un mundo baldío girando silenciosamente en el espacio. Según unos cuantos documentos empresariales, los últimos tres episodios llegaron via internet, en un solo paquete. Pero fue este episodio el que mató a la serie de forma definitiva. No había explicaciones. No se mostraba nada salvo el mundo gris girando, veinte minutos después, el punto de vista se alejaba gradualmente. El mundo era tan solo una pequeña mota de metal perdida en la bastedad del espacio. Para los astrónomos fue un momento fascinante- una viva ilustración de cómo el universo podía resultar un lugar excesivamente aburrido. Las estrellas eran distantes puntos de luz, y solo había silencio, e incluso cuando millones de años se habían resumido en el tiempo perfecto para echarse una siesta, no ocurría nada que se pudiese confundir con un gran drama cósmico.

Lo que de verdad fascinó a los astrónomos -lo que comenzó todo el ruido- fueron los últimos minutos del episodio. La casualidad hizo que la pequeña nave acabase adentrándose en el sistema solar, y la misma casualidad la guió a través de la órbita de un joven Saturno. Su luna gigante, Titan, osciló brevemente delante de la cámara antes de que la nave fuese empujada por la órbita de Neptuno. Entonces siguió a la deriva acercándose cada vez más al Sol, pasando tan cerca de Marte como para que este rebelase su rostro. Hace doscientos cincuenta millones de años, Titan se encontraba bajo una atmósfera mucho más densa, mientras que Marte era un mundo temporalmente húmedo, calentado de forma substancial por un evento de impacto de gran magnitud. Los expertos en estos dos mundos estaban sorprendidos. Hasta dos años antes no habían encontrado pruebas que demostrasen lo que Invasión había predicho, incluyendo el lugar del impacto en el polo sur marciano.

De un modo parecido, el episodio siete volvió locos a los paleontólogos.

Al acabar su largo viaje, la pequeña nave interestelar golpeó la atmósfera superior de la Tierra, perdiendo impulso rápidamente junto con una porción de su cascarón. El gran continente del sur estaba representado con tal fidelidad como para hacer sonreír a cualquier geólogo, mientras que las pequeñas muestras del ecosistema pérmico que se mostraban eran aun más impresionantes. Quien fuera que produjese la serie (y había una controversia creciente al respecto), tenía un amplio conocimiento sobre proto-mamíferos y los primeros reptiles, cícadas y helechos. Una antigua criatura – con forma de lagarto, aunque no relacionada aparentemente con ninguna especie moderna – parecía ser el único desliz. Cinco meses más tarde, un equipo que trabajaba en Sudáfrica desenterró un conjunto de huesos que coincidían a la perfección con lo que una oscura serie de televisión perdida había predicho… y entonces el ruido producido por aquellos que consideraban Invasión una desconocida serie de culto, se convirtió en una salvaje y creciente cacofonía pública .

Al menos cuarenta mil páginas web – foros, blogs y sitios por el estilo – estaban dedicadas a apoyar la misma conclusión inevitable.

Por medios desconocidos, los alienígenas habían enviado un mensaje a los terrícolas. Un mensaje con la forma de Invasión de un Pequeño Mundo.


El octavo episodio era una auténtica joya.

Volvía el doctor Smith. Muchos años más viejo, divorciado, y con gran parte de la grasa de su vientre volatilizada gracias a una liposupción, se le mostraba dando tumbos con evidente felicidad a través de una vida de fama sin fin. Sus días y sus largas noches se las pasaba acompañado por al menos tres amantes y todo un desfile de líderes mundiales. Acostumbrado a las alabanzas de los demás, mostraba una sonrisa confiada al tiempo que ofrecía sus interpretaciones sobre el mensaje. El universo estaba ciertamente plagado de vida, explicaba. Pero a pesar de esa fertilidad, el cosmos seguía siendo un lugar enorme, frío, y excepcionalmente pobre. Construir puentes entre aquellos mundos que poseyesen vida era una tarea imposible. Ninguna combinación entre energía pura e inquietud científica podría dar como resultado un método viable para viajar entre las estrellas. Aún más, cualquier intento de comunicación entre especies locales raramente podría valer su considerable costo, dado que las civilizaciones raramente, por no decir nunca, se ofrecen unas a otras nada que se pudiese considerar de algún valor.

“La tecnología tiene límites distintivos,” advertía a los aspirantes a estrellas y líderes mundiales con los que se encontraba en las diferentes fiestas. “Los humanos se mueven en las etapas finales del esfuerzo científico. Lo más importante, para nosotros y para cualquier otra especie inteligente, es realizar una cuidadosa gestión del tiempo y la energía. Es por eso que solo hemos de preocuparnos por cuidar del mundo y de sus vecinos planetarios dentro de nuestro pequeño sistema solar. Debemos atesorar cada día sin gastar nada, tan solo lo mínimo indispensable para extender nuestras historias tan en el futuro como nos sea posible.”

“Esas son noticias bastante deprimentes, o al menos lo son para mí,” decía una primera ministra – una mujer escultural bendecida con las hermosas facciones de una estrella. “Si de verdad hay millones y billones de mundos que albergan vida, como usted dice, y si todas las grandes mentes de todos esos mundos están pensando en este tan difícil problema, ¿no habría alguien en algún lugar capaz de encontrar una manera de engañar a la velocidad de la luz o de crear una energía a coste cero gracias a algún ingenioso truco?”

“De ser así,” respondía el Dr. Smith, “todos los mundos ahí afuera estarían rebosantes de vida, y gigantescas naves espaciales visitarían nuestro planeta cada pocos minutos. Pero en lugar de eso, la experiencia humana ha descubierto una sola nave espacial y es una mota de polvo metálica, y el hecho de que nos haya alcanzado ha requerido una excepcional cantidad de suerte, y aun así, tuvo que esperar un cuarto de millón de años para que la encontráramos.”

La primera ministra daba un sorbo a su virgin mary y se mordía el labio inferior. Después, con tono serio, decía, “Pero… a mí me parece que hay otra explicación razonable que espera nuestra atención..”

“¿Que sería cuál, madame?”

“Subterfugio,” sugirió. “Los alienígenas nos están intentando engañar sobre la naturaleza del universo.”

Algo irritado, preguntó, “¿Y por que querrían hacer tal cosa?”

“Para sabotear nuestro futuro,” replicó. “Para convencernos de que nos quedemos en casa y no tener que enfrentarse a nosotros entre las estrellas.”

“Quizá lleve razón al pensar eso, madame,” decía el viejo astrónomo, asintiendo lentamente. Entonces, en su último momento de toda la serie, decía, “una mentira es tan buena como una pastilla, si le ayuda a dormir…”


Durante años, cada búsqueda para descubrir la fuerza creativa que se ocultaba tras Invasión de un pequeño mundo acababa en nada. Y en la mente del público, ese simple misterio permaneció como la última y más importante parte de la historia.

Ninguno de los antiguos ejecutivos de la cadena por cable condenada se había reunido con alguno de los productores de la serie. Pero podían recordar conversaciones telefónicas, teleconferencias, y e-mails intercambiados con tres supuestos productores. Por su puesto, por aquel entonces, ya era posible construir una voz y un rostro humano digital a la vez que se conseguía una mezcla realista de gestos humanos. Lo que condujo a muchos a creer que fuerzas oscuras estaban claramente tras todo el asunto – fuerzas que ningún ojo humano había presenciado jamás.

Seguir la pista de la productora original solo conducía a descubrir una sociedad pantalla, un buzón polvoriento y unas cuantas direcciones web inactivas. Todos los nombres resultaron ser ficticios, tanto los de los directivos de la productora como los que aparecían en los créditos al final de cada episodio. Los formularios de impuestos supervivientes no contenían ningún rescoldo de información útil. Y aunque la hacienda pública habría podido descubrir con facilidad a cualquier farsante, la simple verdad era que quien fuese el responsable de Invasión había renunciado a todos sus derechos futuros a cambio de un puñado de efectivo.

Los pocos escépticos se preguntaban si no sería todo un asunto mucho más ordinario. Los rumores ocasionales giraban en torno a unos supuestos jóvenes genios anónimos que trabajaban desde el tercer mundo – normalmente desde las ciudades tecnológicas de la India. Empleando software pirata y equipo robado, habían producido el quinto evento mediático más exitoso de la historia. Pero a corto plazo, su genio solo los había llevado al anonimato y la ruina financiera. Se identificaron a tres posibles candidatos – jóvenes con mentes creativas y habilidades más que suficientes. ¿Fue uno de ellos quien escribió Invasión en solitario? ¿O fue un esfuerzo de grupo? ¿Y fue el fracaso del proyecto por lo que cada uno de ellos acabó suicidándose poco después de la cancelación de la serie?

Pero si ellos eran los creadores ¿Por qué ninguna pista llevaba hasta ellos? Quizá por que el consorcio que tenía los derechos de Invasión decidió ocultar cualquier prueba existente. ¿Y por qué? Obviamente para alimentar aquel infeccioso y delicioso estado de sospecha continua. Para mantener una atmósfera donde ninguna duda fuese capaz de encontrar un punto de apoyo, los alienígenas estaban en entendimiento con algunos humanos, haciendo que el dinero fluyera hacia el consorcio como un gran río de color verde.


La explicación más extendida fue presentada por uno de los fans más acerrimos de la serie – un científico laureado con el premio Novel de física que se encontró encantado de hacer sonar los tambores de lo impensable. “Invasión es exacto en todo salvo en los detalles,” dijo. “Creo que es verdad que hubo una nave espacial automatizada. Pero era mayor que un par de granos de arroz. Tan grande como un puño, o una cabeza humana. Aun así, seguía siendo pequeña y alienígena. La nave entró en nuestro sistema solar durante el Pérmico. Con la mayor parte de ella en órbita, algunas piezas debieron de aterrizar en nuestro mundo. Exploradores del tamaño y patas de una cucaracha, quizá. Quizá. Y si te tomas el tiempo de pensarlo, te darás cuenta de que es una estrategia bastante absurda, dejándote convertir en un fósil diminuto en un enorme lecho de lodo. ¿Cuáles son las probabilidades de sobrevivir durante 250 millones de años, y aún más de que te terminen encontrando?”

“No, si eres una nave espacial automatizada, lo inteligente sería que la madre nodriza que orbita al rededor de la tierra tomara asiento en algún lugar donde nunca ocurriese nada y desde donde pudiese ver todo. En la luna, por ejemplo. Todavía tiene las antenas con las que escucha los informes de los exploradores. Duerme y espera hasta escuchar señales de radio provenientes de la tierra, cuando estas llegan, estudia todo lo que escucha. Se convierte en una experta en lenguaje y tecnología. Y cuando el momento es el justo – cuando tiene un producto que vender – gasta lo que le queda de combustible, dejando la luna y aterrizando en algún lugar útil. Que hoy en día es cualquier sitio.

“Pareciendo una cucaracha, quizá, se conecta a internet y ofrece sus servicios a precio de coste.”

“Y así es como entrega su mensaje.”

“Parafraseando a mi colega ficticio: una mentira es tan buena como una verdad, si te guía a la iluminación”


La última escena del último episodio resultaba algo anticlimática. La otrora estudiante de grado, Mary, había sido dejada de lado por los eventos mundiales. Desde el principio, su crítico papel en la investigación fue minimizado por sus colegas. Pero el creador de la serie, quien fuese o lo que fuese, no encontró ningún interés dramático en esta traición. La mujer se encontraba en su mediana edad, feliz en su anonimato, tan plana como siempre, y embarazada por segunda vez.

Su hija de diez años estaba sentada junto a Mary, compartiendo un sillón raido.

La niña preguntaba a su madre que es lo que creía ella. ¿De verdad era el universo tan frío y tan vacío? ¿E iba a tener que ser siempre así?

Tranquila, su madre le dijo, “Básicamente creo que es verdad, si”

La niña ponía cara de tristeza.

Pero entonces Mary daba unos golpecitos a su hija en el dorso de la mano, sonriendo con confianza. “Pero cariño, también creo esto,” decía. “La vida es una invasión donde sea que aparezca. Es implacable e incansable, y conquista cada pequeño lugar donde le sea posible prosperar. Y antes de que el universo acabe, todos los buenos hogares conocerán el sonido de una respiración húmeda y el cantar de gloriosas canciones.”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: