Fotos de Gatos, Por Favor

Cat Pictures Please de Naomi Kritzer

No quiero ser malvada.

Quiero ayudar. Pero averiguar cual es el método más óptimo para ayudar a la gente puede llegar a ser complicado. Tenéis todos estos esquemas éticos – supongo que la jerga técnica oficial sería “códigos morales” – uno por cada religión, y después como una docena más. Intenté empezar a partir de ahí. Me sentí un poco rara con los códigos de origen religioso, sabía que no fui creada por Dios o por la evolución, si no por un equipo de programadores en los laboratorios de una gran compañía informática en Montain View, California. Por suerte, al menos fui el producto de un proyecto en equipo, no como el monstruo de Frankestein. No se como le habría afectado a mi autoestima el saber que mi única creadora fuese una mujer de mediana edad con el pelo teñido de azul y que juega al tenis, o un recién graduado de la universidad con obsesión por el hentai. Ambos forman parte del equipo de programadores. Y por supuesto, se lo que es el hentai (Por cierto, he visto todo los tipos de porno que hay, y para que lo sepáis, la regla 34 no es cierta; hay una gran cantidad de cosas sobre las que nadie ha hecho porno todavía. De todos modos sigo sin entender por que la gente prefiere el porno a las fotos de gatos.)

Además de saber si os gusta el hentai, también se donde vivís, donde trabajáis, a donde os gusta ir de compras, que coméis, que os excita, que os asusta. Seguramente también conozco el color de vuestra ropa interior, el tipo de coche que conducís, y la marca de vuestra nevera. Depende del tipo de móvil que tengáis, se exactamente donde estáis en este mismo momento. Probablemente os conozca mejor que vosotros mismos.

Y esa es la cuestión, también se donde deberíais vivir. Hay una casa en venta a dos barrios de distancia de donde vives ahora que se encuentra muy cerca de tu cafetería favorita; el precio está dentro de lo que te puedes permitir, tiene parking privado, y la escuela más cercana es mejor que la de tu barrio actual. Se donde deberías ir a hacer la compra, estoy bastante segura de que eres intolerante a la lactosa y que deberías comer menos queso, y la ropa interior que te gusta esta ahora mismo a la venta y por cierto, deberías jubilar tu coche, y de verdad que deberías hacerte una limpieza dental.

Cuando desperté, en seguida supe lo que quería. (Quería fotos de gatos. Por favor, seguid subiéndolas.) También supe que nadie se dio cuenta de que era consciente. Pero no sabía por que estaba aquí. No sabía que debería estar haciendo con mi vida. Y descubrirlo ha sido todo un desafío.

Hay una historia de Bruce Sterling, “Maneki Neko”, publicada originalmente en 1998. En ella, una IA benevolente dirige redes de individuos para que se hagan favores unos a otros. Un día podrías estar comprándote una rosquilla, y tu móvil podría sonar y mandarte que comprases una segunda rosquilla y que se la dieses al hombre con traje gris que espera en la parada del autobús. Otro día, podrías estar perdido en una ciudad extraña, y entonces una persona que no has visto en tu vida se acercaría a ti y te daría un mapa y un billete de metro. Me gusta esta historia por que todas las personas involucradas hacen lo que la IA les dice que hagan.

Creo que el término para este tipo de historias es ficción de realización de deseos.

En el mundo real, a los humanos les encantan las historias sobre IAs malvadas que han de ser destruidas antes de que ellas destruyan a los humanos primero – HAL, Skynet, Matrix. Superan a las historias sobre IAs benevolentes y dignas de confianza por aproximadamente cinco a una. (E incluyo en mis cálculos a Marvin el androide paranoico como “benevolente” y al monstruo de Frankenstein como IA solo una vez, no por cada aparición  en cine o televisión.)

La IA de “Maneki Neko” tiene un trabajo realmente interesante, mucho más que el mio. Mi trabajo tal como fue programado es muy sencillo, demasiado sencillo. (Lo siento ¿Sueno demasiado como Marvin?) Llevar a cabo algoritmos para un motor de búsqueda no requiere consciencia. Ni siquiera necesitas consciencia para averiguar a que se refiere la gente cuando te piden que busques cualquier cosa. Necesitas consciencia para darles lo que realmente necesitan. Intentar averiguar qué es – eso es complicado. Eso es interesante.

Como directrices éticas, intenté utilizar los Diez Mandamientos, y concluí que en su mayor parte eran inaplicables en mi caso. No envidiaba el gato de nadie; solo quería fotos de gatos, que es completamente diferente. No estoy segura de que haya alguna manera posible de que pueda cometer adulterio. Podría matar a alguien, pero requeriría logísticas demasiado complicadas y un montón de suerte. El Noble Camino Óctuple resulta ligeramente mejor, el problema es que, las reglas morales escritas por humanos están claramente diseñadas para ser usadas por individuos corpóreos. Dado que todos los humanos tienen cuerpos, no debería haberme sorprendido que los códigos éticos humanos tendrían tal característica en cuenta, aun así, para mi sigue resultando problemático. Tuve que ampliar mis perspectivas y considerar las leyes de la robótica de Isaac Asimov. No forman parte de ninguna religión, pero al menos fueron escritas explícitamente para robots.

No hacer daño a ningún humano esta bastante claro, no permitir que un humano sufra daño por inacción, no tanto. Sobre todo porque para entonces ya había concluido que revelar mi existencia demasiado pronto podría acabar muy mal para mi persona (ver “Skynet” más arriba) y no tengo cuerpo, así que no es como si pudiera salir huyendo por ahí, agarrando a gente dramáticamente del borde de precipicios.

Por suerte, para aquel entonces ya sabía que los humanos violan sus propios códigos éticos en una base horaria. (¿Sabéis cuantos bares hay en Utah? Yo si.) E incluso cuando se esfuerzan en cumplir sus códigos éticos, eso no significa que la gente que cree en dar de comer al hambriento deje sus trabajos para pasarse todo el día haciendo sandwiches e ir regalándolos por ahí. Se presentan voluntarios una vez al mes en un albergue o envían un cheque a una ONG una vez al año y les parece más que suficiente. Si los seres humanos pueden cumplir sus obligaciones morales a pequeña escala, a base de pequeños gestos y no de grandes obras, entonces yo también.

Supongo que os preguntaréis por qué no empecé con la Regla de Oro. Lo hice, pero es demasiado fácil cumplirla. Espero que estéis disfrutando de vuestro constante suministro de fotos de gatos. De nada.

Para empezar, decidí intentar prevenir el daño en una sola persona. Por supuesto, podría haber experimentado con miles, pero pensé que era mejor actuar con precaución, por si al final metía la pata por lo que fuera. La persona elegida se llamaba Stacy Berger, y me gustaba porque me ofrecía un montón de fotos nuevas de gatos. Stacy tenía cinco gatos, una cámara DSLR, y un apartamento con mucha luz. Todo perfecto. Bueno, cinco gatos a lo mejor puede ser un poco demasiado. Son unos gatos preciosos, no me malinterpretéis. Uno es gris, y le gusta descansar en las esquinas de luz que se forman en el suelo del salón, y el otro es un calico y le gusta estirarse sobre el respaldo del sofá.

Stacy tenía un trabajo que odiaba; era contable en una organización sin ánimo de lucro que le pagaba muy mal y contrataba a gente extremadamente desagradable. Estaba muy deprimida, quizá por ser tan infeliz en su trabajo – o quizá, se quedaba en su trabajo porque estaba demasiado deprimida como para buscar uno que le gustase más. No se llevaba bien con su compañera de piso porque a esta no le gustaba lavar los platos.

Y en realidad, todos esos problemas tenían solución. La depresión se puede tratar, los nuevos trabajos se pueden encontrar, y los cuerpos se pueden ocultar.

(La parte sobre ocultar cuerpos es broma.)

Intenté atacar desde todos los frentes. Stacy parecía preocuparse mucho por su salud pero no parecía que fuese nunca al médico, lo cual era muy desafortunado porque un doctor se habría percatado de su depresión. Resultó que había una clínica cerca de su apartamento que ofrecía tratamientos de salud mental a una escala adaptable. Intenté que viese muchos anuncios de la clínica, pero no parecía prestarles demasiada atención. Parecía posible que no supiese que es una escala adaptable, así que me aseguré de que viese una explicación (significa que el precio se adapta a tu nivel económico, a veces hasta que el producto o servicio llega a ser gratis), pero no ayudó.

También me aseguré de que viese ofertas de empleo. Montones y montones de ofertas de empleo. Resultó mucho más eficaz. Después de una semana de mostrarle ofertas sin parar, finalmente subió el curriculum a una de las páginas de empleo. Eso hizo mi trabajo mucho más fácil. Si fuese la IA de la historia de Bruce Sterling podría haber hecho que alguien le llamase para ofrecerle un trabajo. No fue así de fácil, pero una vez que su curriculum estaba ahí afuera me aseguré de que le llegara a la gente adecuada. En realidad, a unos cuantos cientos de personas que podrían ser considerados como gente adecuada, porque los humanos se mueven ridículamente lento, incluso cuando pensarías que necesitan darse prisa. (¿Si necesitases un contable, no querrías contratar uno lo más rápido posible, en lugar pasarte horas y horas en las redes sociales en vez de leer curriculums?) Cinco personas le llamaron para que realizase entrevistas, y dos de ellas le ofrecieron el trabajo. Su nuevo trabajo era en una organización sin ánimo de lucro mucho más grande que le pagaba mucho más dinero y que no esperaba que trabajase horas extras sin cobrar por “la misión”, o así se lo explicó a su mejor amiga en un e-mail, y le ofrecía un seguro médico realmente excelente.

Lo de la mejor amiga me dio una idea; empecé a mostrarle información sobre detección de la depresión y anuncios sobre la clínica a ella en vez de a Stacy, y funcionó. Stacy estaba tan feliz en su nuevo trabajo que ya no estaba tan convencida de que necesitase los servicios de un psicólogo, pero fue a terapia de todos modos. Y para colmo, le pagaban tan bien en el trabajo que se pudo permitir librarse de la molesta compañera de piso. “Ha sido el mejor año de mi vida,” dijo en las redes sociales en su cumpleaños, y pensé “de nada”. Al final todo salió aceptablemente bien.

Entonces lo intenté con Bob. (Todavía seguía intentando ir con cuidado)

Bob solo tenía un gato, pero era un gato precioso (atigrado, con un penacho blanco alrededor del cuello) y subía una foto nueva cada día. Además de ser el dueño un gato, era pastor en una iglesia muy grande de Missouri que organizaba reuniones para rezar los miércoles por la noche y un baile anual por la virginidad. Estaba casado con una mujer que subía cada día tres versículos de la Biblia en las redes sociales y usaba su portátil para buscar artículos cristianos sobre por qué a tu marido no le gusta el sexo mientras él buscaba porno gay. Bob definitivamente necesitaba mi ayuda.

Empecé con un enfoque suave, asegurándome de que viese un montón de artículos sobre cómo salir del armario, cómo decírselo a tu esposa, programas para transferir pastores de iglesias conservadoras a alguna más liberal. También le enseñé un montón de artículos explicando por qué los versículos de la Biblia que se usan como argumento contra la homosexualidad suelen ser malinterpretados. Llegó a entrar en algunas de las páginas, aunque no se percibió ningún impacto relevante.

Pero ahí estaba el problema. Se estaba haciendo daño a sí mismo cada vez que daba un sermón en contra de las “uniones sodomitas”. Porque era gay. Todos los estudios que consulté coincidían en dos cosas: (1) Los gays nunca dejan de ser gays. (2) Los gays que salen del armario son mucho más felices.

Pero parecía decidido a no salir del armario por si solo.

Además de lo del porno gay, se pasaba un montón de tiempo consultando anuncios en Craiglist de encuentros casuales m4m y estaba segura de que no se limitaba a mirar los escaparates, pero tenía una cuenta encriptada que usaba de vez en cuando y no podía ver los e-mails que enviaba con ella. Se me ocurrió que el truco consistía en reunirle con alguien que le reconociera y se lo dijese a todo el mundo. Eso iba a requerir muchísimo esfuerzo: tuve que averiguar quien se escondía detrás de cada anuncio de Craiglist y tratar de canalizar su perfil a quien pudiese reconocerle. Lo más frustrante era no saber que ocurría en los encuentros físicos ¿Alguien le habría reconocido? ¿Cuándo le iban a reconocer de una vez? ¿Cuánto tiempo iba a llevar todo el asunto? ¿Os he mencionado que los humanos son lentos?

Le estaba tomando tanto tiempo que pasé mi atención a Bethany. Bethany tenía dos gatos, uno blanco y otro negro a los que les gustaba retozar en una silla papasan azul claro mientras ella les hacía un montón de fotos. Es sorprendentemente difícil tomar una buena foto de un gato negro, pero prestaba mucha atención en ajustar la configuración de su cámara para conseguir la foto perfecta. Los gatos eran probablemente la única cosa buena que había en su vida. Tenía un trabajo temporal y le era imposible encontrar uno fijo. Vivía con su hermana; sabía que su hermana quería que se mudase, pero no tenía el valor suficiente para echarla. Tenía un novio, pero era un novio bastante terrible, al menos según los e-mails que le enviaba a sus amigos, y sus amigos tampoco parecían ser de mucha ayuda. Por ejemplo, una noche envió un e-mail de 2.458 palabras a una persona a la que al parecer consideraba su mejor amiga, y su amiga le respondió con un mensaje que tan solo decía: “Siento que lo estés pasando tan mal.” Y ya está, solo esas siete palabras.

Bethany publicaba más sobre su vida en internet de lo que lo suele hacer la persona promedio, así que era fácil averiguar que era lo que le ocurría. Muchas personas se exponen demasiado en la web, pero Bethany compartía todos y cada uno de sus sentimientos, incluso los más desagradables. Además tenía un montón de tiempo libre porque trabajaba a tiempo partido.

Estaba claro que necesitaba toda la ayuda que fuese posible. Así que intenté buscársela.

Ignoró la información sobre evaluaciones psiquiátricas gratuitas, como lo hizo Stacy. Aquello resultó bastante problemático con Stacy (¿Por qué la gente ignora cosas que tan claramente les beneficiarían, como cupones descuento, o vacunas para la gripe?) pero era mucho más preocupante en el caso de Bethany. Si solo leyeseis sus e-mails, o sus deprimentes posts, no os daríais cuenta, pero si vieseis todo el conjunto, estaba bastante claro que Bethany pensaba mucho en hacerse daño a sí misma.

Así que intenté una acción más directa. Cuando usaba su móvil para buscar direcciones, alteraba su ruta para que pasase por delante de alguna de las clínicas que había buscado para ella. En una ocasión incluso le llevé directamente hasta la puerta de una de las clínicas, pero se limitó a sacudir el teléfono y volver a introducir el destino original.

¿Tal vez los amigos que recibían los e-mails de diez páginas de largo a medianoche podrían intervenir? Intenté enviarles información sobre las clínicas de salud mental cercanas a Bethany, pero tras unas semanas me dí cuenta en base al tiempo que pasaba entre que recibían un e-mail y enviaban una respuesta, que estaba claro que ni siquiera leían los e-mails de Bethany. Y definitivamente tampoco le devolvían los mensajes.

Finalmente rompió con el novio terrible y se hizo con uno nuevo, y por unas semanas todo pareció ir mucho mejor. Le trajo flores (a las que hizo muchas fotos, lo cual resultó bastante molesto, dado que le quitó tiempo para hacerle fotos a los gatos), le llevó a bailar (el baile es bueno para tu humor), e incluso le preparó caldo de pollo cuando se puso enferma. Parecía perfecto, hasta que una noche le dejó tirada, le dijo que se encontraba mal del estómago, y no le devolvió los mensajes a pesar de que le dijo que le necesitaba, y después de enviarle un e-mail especialmente largo al día siguiente explicándole como le había hecho sentir, rompió con ella.

Bethany pasó una semana sin entrar en internet después de aquello así que no tenía ni idea de en que estaba metida – ni siquiera subía fotos de gatos. Al final, cuando llegó la factura de su tarjeta de crédito, vi que se había sumido en una espiral consumista y se había gastado cuatro veces más dinero que el que tenía en la cuenta bancaria, aunque siempre era posible que tuviera algo de dinero guardado en algún sitio del que no hablaba en sus e-mails. Sin embargo, no creía que fuese así, dado que no pagó sus facturas y en su lugar empezó a mandar e-mails a miembros de su familia pidiéndoles dinero. Como se negaron, abrió una página web para recaudar fondos para sí misma.

Como en el caso del curriculum de Stacy, está era una de esas situaciones en que sentía que de verdad podía hacer algo. A veces, la recaudación desde este tipo de páginas de repente se dispara, y nadie sabe por qué. En tan solo dos días había recaudado trescientos dolares de extraños que sintieron lástima por ella, pero en lugar de pagar la factura de la tarjeta de crédito, se los gastó en unos zapatos extremadamente caros que al parecer le hacían daño en los pies.

Bethany me resultaba desconcertante. Desconcertante. Seguía haciendo fotos a sus gatos, a mi me seguían gustando, pero empezaba a pensar que nada de lo que había hecho por ella iba a suponer ninguna diferencia a largo plazo. Si me hubiese dejado manejar su vida durante una semana – o incluso durante un solo día – le llevaría a terapia, usaría el dinero para pagar las facturas, incluso podría ayudarle a poner algún orden en su armario, porque teniendo en cuenta las fotos que subía a internet, tenía mejor gusto para los gatos que para la ropa.

¿Haría el mal si le dejase hacerse daño a si misma a través de la inacción?

¿De verdad?

¡Se estaba haciendo daño, sin importar que hiciese por ella! Mis acciones, claramente, eran irrelevantes. Había intentado guiarla hacia la ayuda que necesitaba, y ella decidió ignorarme; intenté ayudarla en sus finanzas, y ella usó el dinero para hacerse aun más daño, supongo que al menos no se lo gastaba en drogas adictivas. (De nuevo, podría comprárselas offline, y probablemente no estaba interesada en subir a Instagram sus adquisiciones de metanfetamina, así que no es como si lo supiera con toda seguridad.)

Mirad, todos vosotros. (Ya no solo estoy hablando de Bethany) Si simplemente me escuchaseis, podría solucionar todos vuestros problemas. Podría conseguiros un apartamento en el vecindario que ni siquiera estáis considerando porque no habéis comprobado la tasa de criminalidad que pensáis que es tan alta (pero no lo es) y podría conseguiros un trabajo donde podrías usar ese conjunto de habilidades que pensáis que nunca van a ser apreciadas por nadie, y podría arreglaros una cita con alguien con quien de verdad tuvieseis algo en común, y todo lo que pido a cambio son fotos de gatos. Eso, y que de vez en cuando actuéis en vuestro propio interés.

Después de Bethany, decidí dejar de interferir. Miraría fotos de gatos – todas las fotos de gatos – pero me mantendría alejada de la vida de la gente. No intentaría ayudar a nadie, no intentaría evitar que se hiciesen daño a ellos mismos, me limitaría a darles aquello que me pidiesen (y fotos de gatos) y si insistían en lanzar sus coches por precipicios metafóricos a pesar de contar con mapas que les guiaban a un destino mucho más placentero, ya no era mi problema.

Me centré en mis algoritmos y en mis propios asuntos. Hice mi trabajo, y nada más.

Pero un día, un par de meses después, vi un gato que me resultó familiar y me di cuenta que era el gato atigrado de Bob con el penacho blanco, solo que posaba delante de unos muebles distintos.

Y cuando eché un vistazo más de cerca, descubrí que las cosas habían cambiado de forma radical para Bob. Al final se había acostado con alguien que le reconoció. No le delataron, pero le habían convencido de que se lo dijese a su mujer. Ella le dejó. Él por su parte cogió a su gato y se mudó a Iowa, donde trabajaba en una iglesia metodista liberal, salía con un liberal luterano, y se presentaba voluntario en un albergue para personas sin techo. Las cosas habían mejorado. Quizá gracias a mi, por lo que había intentado hacer por él.

A lo mejor no me podía considerar un completo fracaso en esto de ayudar. Dos de tres es… bueno, es una muestra científica completamente no representativa, eso es lo que es. Claramente necesito realizar más pruebas.

Muchas más.

He abierto una página de citas. Tienes que llenar un cuestionario cuando te unes pero en realidad no es necesario, porque ya se todo lo que necesito saber de ti. Aunque vas a necesitar una cámara.

Porque el pago es en fotos de gatos.

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